sábado, 17 de noviembre de 2012

Bautizo en cala Morell

Todo un pepino de mar
Todo empezó cuando mi chica me regaló un viaje a Menorca, un fin de semana, para relajarnos y ver a unos colegas afincados allí hace ya bastantes años. A pesar del poco tiempo del que disponíamos, la mañana del sábado la tenía despejada, así que me decidí por fin a probar eso del buceo. Múltiples amiguetes y familiares ya lo han probado y se ponen tan pesaditos contándolo que yo quería, por lo menos, probarlo también.

¿Convertirme en buzo? ¿Dedicarme a este deporte? Difícil, soy más de secano que los alcornoques y para mí el mar es algo muy exótico, que mola, que mola mucho, pero cualquier actividad en él es tan rara casi como ir a la luna.

Aún así, claro, tengo mucha curiosidad. Y ahora que lo he probado, más todavía.

Por internete me hice una lista de las escuelas de buceo de la isla. La que me pillaba más cerca de donde íbamos a dormir no operaba en temporada baja, probé la siguiente y el simpático gerente de SCUBA PLUS me dijo que sí que trabajaban y que podía bautizarme ese sábado in the morning. Al final, dormimos en casa de Ramiro merced a su hospitalidad, en la otra punta de la isla. Lo único malo es que al día siguiente, tocaba madrugar.





Pues nada, ya estaba todo hecho. Después de un viaje en el sitio VIP de la RYANAIR, cuyo privilegio consiste en tener número de asiento, y que éste coincide con la salida de emergencia (con lo que puedes estirar las piernas y alomejor no morir de trombosis) y además, ser el responsable de abrir dicha puerta en caso de accidente; lo más alucinante fue que se me acerca un azafato y me dice "Oye, tú eres el responsable de abrirnos esta puerta de emergencia si hacemos un aterrizaje forzoso, leete las instrucciones y si tienes alguna duda me preguntas". Nada menos, bueno, por lo menos era sencillo, prácticamente como un mueble de IKEA sección torpes, eso sí, como toda la multitud que cabe en un avión dependan de mi destreza y sangre fría lo llevan clarinete.

Cartelito para abrir la puerta de emergencia y ser un héroe ¿dónde tengo las gafas?

El caso es que llegamos sin ninguna novedad, ocupamos la casa de Ramiro, cenamos en el bareto de al lado y a la piltra, bien cargaditos de cerveza. Al día siguiente, nos levantamos y marchando a la escuela de buceo. Qué nerviosssssss.

La experiencia

Llegamos en hora (pero no nos dio tiempo a desayunar, menos mal que mi chica me llevó un bocata que me zampé mientras rellenaba un formulario en el que juraba y perjuraba que estaba sano y que la culpa de morir iba a ser mia por no hacer caso de mi profe). Mientras tachábamos casillas sin leerlas más que lo suficiente como para no poner que nos gusta tragar agua de mar o que vamos a perder las gafas, vimos un vídeo que era un auténtico rollo en el que los personajes tenían una estética a medio camino entre Dallas y El coche fantástico, con pantalón pitillo, sonrisas californianas con cientos de dientes blancos refulgentes y laca a tope, disfrutaban de su experiencia diving.

Los dos nuevos sirenos

Hay que ver lo que pesa esto!!

Mi sensei iba a ser Marcos, apoyado por Loren. Mi compi de clase fue Xabi. Total, que éramos tres y el de la guitarra, tuve un privilegiado curso casi particular.


Nos pusimos a la faena, nos probamos el traje, y nos dieron las primeras indicaciones sobre el equipo: regulador, botella, chaleco, tráquea (¿ha dicho tráquea? Sí, se llama así), relojito para la profundidad y aire restante...madre mía, que esto va en serio.

El lugar del bautizo fue en Cala Morell. Un sitio de los que abundan en Menorca pero que para los castellanos nos parece sencíllamente alucinante.

Cala Morell

Foto fusilada desde http://www.shimetzu.com algún día se lo diré ;-)


Fuimos hasta allí charlando y cogiendo un poco de confianza con los dos desconocidos -para mí, que no para Xabi- de los que iba a depender mi vida en las siguientes horas. Una vez en el aparcamiento, curso detallado de todos los chismes y cacharros. Al final, todo el equipo está super bien inventado y todos esos tubos, relojitos y cosas llenas de aire que se hinchan y deshinchan son bastante sencillas de manejar, intuitivas y prácticas.


Por suerte, los pardillos sólo tenemos que llevar la mitad de todo esto

Ala, al agua. Lo primero, a darse un chapuzón con el neopreno puesto para que sea más fácil abrochárselo. Importante no tirarse con los plomos -como hice yo- no porque te vayas a hundir que con lo que flota el traje no era el caso, sino que luego salir del agua es bastante más complicado por la escalerita del muelle. Ahí ví lo que era la transición entre el agua y la realidad de la superficie. Lo que vale para un sitio no vale para el otro, claramente.

Por no hablar de las jodías aletas, si nadar con ellas para mí era un misterio, andar con ellas símplemente es casi imposible.

GRRRROJJJJ ¡¡CHUP!! El truco de echar un gapo a las gafas ya me lo sabía.


Una vez abrochados y revisados varias veces por nuestros profes, sí que nos tiramos en serio al agua con toda la equipación. La primera sensación después de tirarte haciendo el salto ese tipo suicida y sumergirte para enseguida flotar como si rebotaras hacia la superficie, es ser una boya humana. Con todos los achiperres, no podía desplazarme con la falta de elegancia y torpeza habitual de cuando me baño en las pozas -charcos decimos nosotros- de mi pueblo. El no poder moverme hacia donde yo quiero me agobia un poco. Con las gafas se ve guay. Me veo mis piececitos transformados en aletas y debajo el fondo marino que espera explorar en breve. Me va gustando. De temperatura genial, el neopreno cumple a la perfección su papel.


Fake 1 -obviamente no hice fotos del evento, así que he buscado unas cuantas con humor.

Ahora toca respirar por el regulador.GROSSSSSSSS JUSSSSSSSS GROSSSSSS JUSSSSSSSSSSS (no se me ocurre escribir otra onomatopeya que describa lo que se oye, lo que siempre he oido en los documentales y pelis de buceo, que se parece bastante a como respira Darth Vader por cierto). Joer, pues funciona. Es respirar por la boca y ya está. Se hace raro que el tubo ese flote, como que tira hacia arriba, obviamente flota por estar lleno de aire; a cierta presión además aunque ahora no sé si el aire que te entra está a una atmósfera o un poco más, los aspectos de física del buceo son apasionantes pero no entraban en el programa del microcurso.

Fake 2 - ¿todo bien? sonríe sonríe JUAS JUAS JUAS

Pues nada, al tajo. ¿Ya respiramos? Pues a hundirse como submarinos, bajando en vertical un par de metros. Loren me empezó a lastrar con piedras porque mi flotabilidad más que positiva era patética. Vaya lío manejarse con aletas. Mientras me colocaban de rodillas en el fondo, Marcos nos indicaba sin palabras lo que nos había explicado de como soltarse el regulador y volver a ponérselo. Me salió bastante bien, merced a sus sabias indicaciones. Eso me dió plena confianza, porque me ví respirando con la superficie allí arriba, con buena temperatura y con visión perfecta.

Lo siguiente, lo de las gafas. En la explicación no les había entendido muy bien y la primera vez que lo hice fue un fracaso. Me quito las gafas, obviamente no veo. Intentando tranquilizarme, respiro un poco por la nariz. Cojonudo. El agua salada me inunda las vías respiratorias, ha sido poco, pero toso y me pongo las gafas llenas de agua. Respiro por la boca, vale, creo que esto sigue funcionando y no voy a morir asfixiado. Hago entonces como me han dicho: suelto aire por la nariz llenando las gafas. ¡funciona! Vaya, qué bien veo, si se han quedado más limpias que antes. Perfecto. Le doy un "Me gusta" de Facebook a Marcos para indicarle que todo va bien. Me felicita. Sonrío a través de la máscara y del regulador.


Fake 3 - Molaría, a que sí?

Pues hala, a bucear. Coge y nos invita a seguirle. Va segundo Xabi que se maneja mejor y después yo. Cierra Loren que me va colocando para que pueda moverme, guiándome agarrándome de la botella y corrigiendo la inclinación y la flotabilidad. Al cierto tiempo, ya tengo cierta autonomía. Se aprende instintivamente a aprovechar la gran ventaja que son las aletas y a olvidarte de los brazos para avanzar.

Estoy buceando, me muevo como un pez. Bueno, los peces que tengo alrededor lo hacen con bastante más elegancia, pero me muevo más o menos hacia donde yo quiero, en las tres direcciones del espacio. Nuestros dos senseis nos enseñan fauna y flora marina: un pepino de mar -puaj- una estrellita de mar preciosa, unos mejillones gigantes -nacras nos dijeron luego que se llamaban- y peces que vete tú a saber cómo se llamaban.

La sensación es alucinante. Símplemente alucinante.

Veo la superficie allá arriba, muy arriba. Joer si ni siquiera me duelen los oidos con el truquito de igualar la presión soplando por la nariz tapando los agujeros a la vez.

Pasa el tiempo, casi 50 minutos estamos bajo el agua. Al final, estoy totalmente desorientado, no sabría volver al punto de donde hemos partido, tengo la vaga noción de que hemos hecho un círculo. La flotabilidad no la controlo muy bien, a veces me disparo hacia arriba y los profes me empujan hacia abajo y me regulan con la tráquea esa. Llega un momento que les dejo hacer y ya no me acuerdo cual era el botón de subir y cual el de bajar. Me alivio bastante cuando le doy la lectura de la botella y me indican que ya nos piramos.

Sin embargo, cuando subo y respiro el aire de fuera...me da pena. Quién sabe cuándo voy a volver a disfrutar de esta sensación. Pletórico por las sensaciones vividas, me despojo de todos los chismes en la furgoneta, intercambio experiencias con los compis de inmersión, me indican amablemente todo lo que he hecho mal, por donde hemos ido, lo que hemos hecho...


Cala Morell

He disfrutado como un enano, y me imagino -ahora sí con conocimiento de causa- lo que debe ser moverte de forma realmente autónoma en una inmersión de verdad, en una cueva submarina o en un pecio o en tantas aventuras que nos cuenta mi amigo Abel en su blog Diario de Neo.






La gran pregunta ¿Haré el curso de diving master del universo? Pues no lo sé. Creo que por menos de 300 leuros lo tengo y que puedo hacerlo con bastante flexibilidad horaria en piscinas de aquí de Madrid. Con eso y algun viaje para hacer las inmersiones "de mayores" ya lo tendría hecho. Ya con el título, y algún cacharrito que convenga tener propio, todos los años en la visita anual que todo españolito castellano que se precie debe hacer a algún mar de los que nos circundan, pues darme un gustazo y que me lleven a un sitio con bichitos de colores o lo que más me fliparía: una cueva o un barco hundido.



Y para rematar, Cocido Briceño con los amiguetes...qué más se puede pedir.


martes, 8 de mayo de 2012

X Maratón Martín Fiz de Vitoria. Prueba de Media Maratón.


 Vitoria. 6 de mayo de 2012.

21.095 km / 1h38m49s / 4m41s x km


Resultado


Aprovechando que el Zadorra pasa por Vitoria o mejor dicho que mi cuñado curra allí y nos brinda apoyo logístico, cómo no aprovechar y correr en primavera una media maratón en esta estupenda ciudad. Nada menos que una prueba apadrinada por el campeón del mundo Martín Fiz, vitoriano de pro.

Allá nos fuimos todo el clan. El viernes aparecimos por allí y nos dio tiempo incluso el sábado a ver a Cris, Jesús, Sofía y a pequeño Jon.

A los chicos les encantó disfrutar de su tío David, de sus gatas y de su casa, DVD incluido.

Gracias a que he tenido trabajo a tupa este último mes  -¿he escrito gracias en minúscula? Mal hecho, he debido escribir GRACIAS A QUE HE TENIDO TRABAJO porque en estos tiempos el curro es un tesoro- me presenté en la meta sin apenas entrenar. Cuando me apunté a la carrera tenía en las piernas aún el comezón de la media de Valencia y su excelente resultado. El objetivo primero era bajar de 1h36m, pero después la realidad y la falta de entrenamiento me obligó a ponerme la meta de bajar de 1h40m. A un mes de esta media maratón en la capital alavesa aún tenía en mente el pobre resultado de la media de Segovia.



Trofeo que alguno ha colocado a uno de los apóstoles de la catedral ¿o es que también se animaba a correr?



Total, que dejé a mi familia roncando y me fui dando un paseo por esa magnífica ciudad (joer, a 15 minutos del centro y está más tranquilo que en mi pueblo) disfrutando de parque tras parque, bien es verdad que era la hora de recogida de los borrachines de la víspera, que aún quedaban bastantes a las ocho de la mañana.



Antes de la salida, con los voluntarios y demás gente de la organización montándolo todo


Al no ser una carrera masiva, dejé la bolsa en el guardarropa sin aguantar cola, un par de pises sicológicos –por una vez, en un meadero público, que da como pena mear en una esquina si está todo tan limpio- y ahí estaba en la salida.


El pequeño gran campeón, charlando con uno de las bicis de la organización


Mi timidez me impidió hacerme una foto con Martín Fiz, que estaba por ahí como un corredor más –de hecho, correría la de 10km- pero tuve arrestos para fotografiarle a traición.

POOOOOOUM y a correr

Antes habían salido los patinadores, qué buen rollo y cómo debe molar hacerse un maratón en menos de dos horas… algún día.

Los corredores íbamos todos juntos, los de la de 10km, los de la media y los del maratón. Sin problema, no es una carrera masiva y de hecho si no lo hubieran organizado así la cosa estaría un poco desangelada. Busqué el globo de 1h40m y no lo encontré ya que solo había liebres para el maratón; no caí, porque me hubiera acoplado al de 3h15m y hubiera podido intentar llegar a 1h37m, qué palomo.


En la salida, aún todos agrupados (notesé los colores distintos de los dorsales, en función del recorrido)



Temperatura perfecta. Ninguna aglomeración en la salida. El recorrido enseguida sale a las afueras de Vitoria y es bastante desangelado, hay muy poca animación pero eso sí, autóctona “Amosmecagüendios Aúpaostia Vengapayá…” y en ese plan.

Los primeros kilómetros, a 4m30-35s. Demasiado rápido. Regulo para evitar una petada. A los 6km llego ya con la velocidad de crucero de 4m40s. Perfecto. Alcanzo los 12km sin demasiados problemas de cansancio y sigo a 4m40s, incluso un poco menos. Ahí empieza el reto, apenas había entrenado más de 12km en el parque de Polvoranca de Leganés y no sabía cómo iban a responderme las piernas.

Quedé con la familia en el pk 14, al pasar por allí la calle estaba casi vacía y me dio un bajón anímico importante. Justo cuando empezaba a notar el cansancio. Fue un pequeño palo, menos mal que a la siguiente curva les distinguí y el momento de ver a los dos chavales y a mi chica animando al aita fue un puntazo. Cada vez dependo más de estos subidones como este en las carreras.


La familia que aplaude unida, permanece unida

A David le dio tiempo a hacerme un par de fotos.

Ya solamente me quedaba el último tercio. Se me hizo llevadero, no apareció la temida fatiga. El bucle del pk 18 sí me pareció largo, con una calle eterna y encima subiendo un poco donde nunca se acababa de llegar a la jodía rotonda. Pero todo llega y además en el pk 16 llevaba tiempo de terminar en 1h40m, sabía que si hacía cada kilómetro a menos de 5 minutos lo tenía, no parecía un desafío demasiado importante. 


A punto de enfilar la calle Dato, la llegada, dándolo todo


Controlando no dejarme caer de ese ritmo, cuando me quise dar cuenta estaba de nuevo entrando en Vitoria centro, ahí ya había bien de animación. Yo en las carreras animo a los que adelanto, supongo que a más de uno le sentará mal y me tomará por gilipollas o incluso engreído, pero me sale de dentro, creo que a alguno sí le habré ayudado. Total que animé a una chica que parecía que estaba entrando en bajón los últimos kilómetros, creo que le vino bien. Fuimos casi en paralelo el último kilómetro, en la recta de meta de la calle Dato, monté mi numerito habitual de entrar gritando y subiendo los brazos, expansivo que es uno.


Mi pequeño gran triunfo


No era para menos, 1h38m. Todo un éxito para el nivel de entrenamientos que llevaba. Muy contento, a recoger la bolsa, ver a la familia, un paseo hasta la casa de David (me costó un poco más que por la mañana, eso sí) y de regreso a los Madriles.


Clasificación (extracto donde salgo yo, claro)

Peaso de finde.




lunes, 2 de abril de 2012

VI Media Maratón Ciudad de Segovia

Segovia. 25 de marzo de 2012

21.095 m / 1h48m59s / 5m9s x km





A las 7:30 recogí a Fernando del portal de su casa. Eran las 6:30 según el reloj biológico, en esta carrera siempre toca cambiar la hora, menudo madrugón un domingo. Después del desayuno potente en el Leganés Uno ¡a Segovia! Charlando se nos pasó el viajecito en nada, enseguida estábamos aparcando en el comienzo del acueducto. Recogimos las bolsas con el dorsal y nos cambiamos.

Ahí estábamos, en la línea de salida.

POOOOOOOOOOUMMMMMMMM (Cañonazo de la academia de artillería) Y A CORRER

Hace calor y seguramente haya más gente este año. Creo que se están pasando un poco aumentando el número de inscritos, el día que pase algo, ya verás. Alomejor es una impresión mía por la temperatura que hace y la animación de la gente.

Regula, regula, regula. Nada, que no hay manera. Yo solo tengo un ritmo a lo que parece, aunque quiera regular, al final siempre aparece una cuesta abajo en la que acelero y me canso más de lo prudente.

Así que en el kilómetro 7 aparece la cuesta esa que va desde el parque al acueducto y paso las de Cain, un año más. El paso por el acueducto con tantísima gente en la plaza, una pasada, como siempre.

La subida por el casco viejo hacia la catedral, malamente. Me miro en los escaparates de las tiendas de recuerdos (cuando hay hueco entre la gente, que esta zona es donde más se acumula) y veo a un gordito sudando cual cochinillo de Cándido, con una traza atlética lamentable. Ahí es cuando me di cuenta de que El Pastor me espera con su cayada para darme una buena.

Bajo -sin recuperar ni nada por la fuerte pendiente- hacia la parte nueva de Segovia. Ahí está la cuesta, esa avenida es mortal por lo larga y por la pendiente creciente. Cuando ya la has superado, ahí está el puto pastor, no hay forma de llegar hasta él y cuando llegas aún queda lo más duro.

Efectívamente, las paso bien jodidas. Por algo que no sé todavía, no me paro. De hecho, continúo por toda la zona de Nueva Segovia corriendo. En el primer trasqui posible me pienso seriamente acortar la carrera para bajar cuanto antes. No lo hago, tampoco sé por qué.

Pero cuando por fin acaba el recorrido interminable por la parte menos bonita del recorrido y ya estoy en la carretera de La Granja dirección meta, me da una pereza terrible y dejo de correr para seguir andando. Reconozco a gente que me pasa que les había pasado al principio de la carrera o en la primera mitad, es bastante descorazonador que te adelanten, cuando paso cerca de voluntarios que animan, bajo la cabeza avergonzado.



Al final, decido terminar corriendo, sabia decisión. Justo cuando echo a correr otra vez, aparece una hada buena vestida de rosa –como tienen que ir las hadas- y la reconozco

-Coño, Elena, qué tal

-Eh, Santiso, pues aquí vamos jejeje

-Voy bien jodido tía, sigue tú

-Ni de coña, vente conmigo que vamos para la meta

Me convenció no sé como y consiguió llevarme hasta la meta, como había prometido. Un lujo y un placer correr a su lado, entre su buen humor y las coñas que soltaba de vez en cuando, me hizo olvidarme del cansancio y al final, conseguí vencer la distancia, que no el cronómetro.

No creo que hubiese conseguido bajar corriendo lo que quedaba de carrera, lo cierto es que gracias a Elena lo logré. Al final, cabreado y envalentonado, hasta me dí el sprint ese que suelo hacer en la meta, gritando y subiendo los brazos, finalizando en esos nosecuantos arcos de los que consta el acueducto.





Un abrazo a Elena, coger el potente avituallamiento, encontrarme con Fernando y ¡a comer! Un pequeño gran cordero en compañía de la familia, en un asador cercano. El mejor colofón que se puede plantear. Hasta unas copas me tomé ¿el tiempo? 1h49m, bajé de 1h50m y me alejé del objetivo de 1h41m del año anterior. No es para echar cohetes, la verdad. Sobretodo porque la media de Vitoria está aquí ya y en esa sí quería hacer un buen tiempo.

Veremos. Próximamente en sus pantallas.




jueves, 22 de marzo de 2012

Ascensión a Peñalara




El día 19 de marzo se homenajea a los padres. Como yo ostento ese título desde hace siete años, mi familia me otorgó el honor de darme vacaciones de obligaciones familiares, lo aproveché para subir a la máxima cumbre de la Comunidad de Madrid, un dosmil. Grandilocuentes calificativos que uno lee en las entradas de los blogs y páginas que utilicé para documentarme, preparando la ascensión de este pico serrano.

Bueno, es cierto que a las montañas hay que tenerlas respeto siempre porque si no, te confías y la puedes liar pero bien liada, sea Peñalara, el Cerro de San Pedro o el K2. Pero en fin, que el día de autos agarré la mochila con una mínima infraestructura y fui lo más temprano que pude hasta la sierra, para pasar un ratito subiendo a un pico y pensando en mis cosas. Siempre pienso que la verdad es que está muy cerquita, en menos de una hora estaba en el aparcamiento del puerto de Cotos, debería ir más veces, sobre todo ahora en mi precaria situación laboral que tanto tiempo libre me permite. En fin. Me hubiera gustado subir en el tren hasta allí pero andan de obras y el simpático vía estrecha solamente llega ahora hasta el puerto de Navacerrada.

Antes de las nueve ya estaba caminando por la pista que sube desde el centro de interpretación. La pista de las zetas sube con mucha pendiente. Me adelantó otro chaval a toda pastilla, luego le iba viendo y íbamos paralelos en nuestro caminar y en nuestras paradas. Del frío inicial del aparcamiento pasamos al calor de la ascensión, así que íbamos quitando capas de ropa a nuestros cuerpos según iban cogiendo temperatura.

En esos momentos unas nubes abrigaban a mi cita del día y a las vecinas Cabezas de Hierro, como iba sin otro equipo que los palitos de andar y no se veía apenas nada de la cumbre, temí que hubiera hielo o nieve muy dura y que no pudiera subir. Siempre procuro llevar esa idea en la cabeza para evitar cabezonadas y cometer imprudencias, al fin y al cabo, no deja de ser un dosmil. Todos los inviernos se oye alguna desgracia en Peñalara, alguno que se ha perdido, caido hacia la laguna e incluso en 2009 una persona murió por un alud.

Así que no había que hacer el capullo. Según ascendía me metía en la niebla, que no obstante era liviana y había más de 50m de visibilidad y también iba comprobando que había muy poquita nieve y esta era blandita, aún siendo tan temprano. En seguida el viento helado que venía del noreste se llevó la nubosidad más espesa y se mostraron las cimas con todo su esplendor.

Al llegar a la Hermana Pequeña, ya ví que iba a poder subir hasta arriba. El que me adelantó ya ni se veía, debió tirar sin pararse al pico de los Claveles. Tuve suerte de llegar sin nadie al vértice y poder disfrutar tranquilamente de las vistas y sensaciones de estar en la cima de Madrid. La visibilidad a ratos era excelente y disfruté contemplando el valle del Lozoya, la meseta segoviana -su capital me espera, en menos de una semana voy a su media maratón- las cumbres de Cabezas de Hierro que bien merecen otra visita esta primavera y el trajín del puerto, aún sin nieve para esquiadores ya empezaba a cargarse de papás celebrando en familia su día.

Se había despejado del todo cuando decidí bajar así que me asomé al camino hacia el pico de los Claveles y la ruta hasta la Laguna de los Pájaros. Bajé hasta su falda pero la pendiente ya era muy fuerte y seguí con mi política de no hacer el gamba porque ahí sí estaba la nieve más dura y cualquier resbalón tonto (sin crampones ni pirulé) te puede hacer caer unos metros a toda pastilla contra unas piedras. Alomejor pequé de miedoso, pero siempre he intentado ser de los de mejor un porsiaca que un yopenseque.

Así que volví por donde había venido, ya cruzándome con la romería que subía al pico y me dió tiempo a bajar con mi familia, tomar unas cervecitas y comer con los suegros.

Un gran día del padre.

















Vistas de la cumbre, sin niebla.

















Y en un minuto, entra una nube y no se ve

















Llegando

















Paseito por la ladera de los Claveles Como el clavel del aire, así era ella, igual que la flooooor



Feliz, en el día del padre